Primer reconocimiento nacional para Granada por la excelencia ambiental de su gran sendero
Un pequeño municipio de la costa de la provincia ha logrado algo que hasta hoy parecía reservado a destinos de montaña o parques nacionales: obtener el primer reconocimiento nacional para Granada por la excelencia ambiental y sostenible de su gran sendero.
El galardón, anunciado esta semana, pone en el mapa a una iniciativa que hasta hace pocos años apenas figuraba en las guías especializadas. Se trata de un trazado litoral que combina tramos costeros, bancales subtropicales y enlaces con cauces interiores, diseñado con criterios de mínima intervención y máxima resiliencia. Más allá de la estética, el jurado destacó la coherencia entre planificación, conservación y uso público: la senda no es sólo un itinerario para caminar, sino un proyecto integral de turismo sostenible que protege hábitats y dinamiza la economía local.

Un sendero pensado para permanecer
La singularidad del proyecto nace de decisiones técnicas y comunitarias concretas: la colocación de pasarelas en zonas sensibles para evitar la compactación del suelo; la restauración de ribazos con especies autóctonas para recuperar conectividad ecológica; y un sistema de señalización interpretativa que prioriza el conocimiento del territorio sobre el reclamo comercial. Como resultado, la ruta ha reducido la erosión en puntos críticos y ha aumentado la presencia de aves y mariposas ligadas a los cultivos tradicionales.
La gestión se basa en un modelo participativo. Propietarios, cooperativas agrarias y técnicos forestales comparten el mantenimiento y se benefician de la actividad turística mediante experiencias de bajo impacto: recogida de frutos, talleres de conservación, guías locales y una pequeña red de alojamientos familiares. Este enfoque ha permitido que la afluencia no supere la capacidad de carga y que los ingresos se queden en la comunidad, evitando la turistificación masiva y el abandono rural.

«No se trató de atraer a más gente a cualquier precio, sino de crear condiciones para que el visitante valore y proteja aquello que visita», explica la coordinadora del sendero. «Ese equilibrio ha sido la clave para obtener un reconocimiento que no es ornamental: es una exigencia técnica y ética.»
La sostenibilidad del sendero se complementa con medidas de movilidad y monitoreo: se han creado aparcamientos disuasorios y conexiones en transporte público, se aplican cuotas temporales en tramos vulnerables y existe un programa de seguimiento de especies que publica datos abiertos. Estas prácticas han llamado la atención de otras localidades costeras que ven en la ruta un modelo replicable para gestionar el turismo en entornos frágiles.
El premio transforma también la narrativa turística de la provincia: ya no basta con hablar de patrimonio monumental o de estaciones de nieve; el reconocimiento destaca que la costa puede ofrecer experiencias de naturaleza de alto valor conservacionista si se prioriza la restauración ecológica y la gobernanza local. Para los residentes, es una validación tangible de un esfuerzo multipartícipe que mezcla ciencia, tradición agrícola y diseño paisajístico.
Quedan desafíos: la adaptación al cambio climático, la financiación a largo plazo para mantenimiento y la gestión de episodios de alta demanda durante picos estacionales. Sin embargo, el éxito del sendero pone a prueba la idea de que el turismo puede ser herramienta de regeneración si se diseña con paciencia y rigor. En un contexto en que muchos destinos luchan por equilibrar crecimiento y conservación, este gran sendero costero ofrece una alternativa basada en la durabilidad y el beneficio compartido.






