Toroverde refuerza información en Mariana, Sotos y Tondos sobre parque ecoturismo
En la sierra conquense, la información se ha convertido en la nueva infraestructura: Toroverde intensifica su presencia en Mariana, Sotos y Tondos para explicar, matizar y escuchar sobre el proyecto del parque de ecoturismo en Cuenca.
No es una campaña de imagen; es una praxis comunicativa que pretende transformar incertidumbre en conocimiento riguroso. Toroverde ha pivotado de la difusión genérica a la conversación localizada: reuniones en las plazas, senderos señalizados con hojas informativas y encuentros con los ganaderos y maestros del lugar. En cada intervención subyace una intención doble: exponer los objetivos del proyecto y recoger las dudas que emergen cuando se mezcla conservación con el cotidiano rural. La claridad sobre impactos potenciales, calendarios de obra y modelos de gestión se vuelve, así, un antídoto ante la polarización.
Escuchar antes de proyectar
En los tres núcleos —Mariana, Sotos y Tondos— las sesiones se estructuran en torno a tres ejes: ecología, uso público y desarrollo local. Toroverde presenta propuestas técnicas sobre corredores verdes, protección de hábitats y diseño de rutas de baja huella, pero también pone sobre la mesa el capítulo económico: cómo articular turismo sostenible que genere beneficio local sin externalizar costes ambientales. Las preguntas que se repiten no son banales: ¿quién decide el trazado de las sendas? ¿qué referentes de gestión comunitaria existen? ¿qué garantías de empleo permanentes puede traer el parque?
«Queremos que el parque no sea un monólogo técnico, sino una red donde cada pueblo aporte su saber», comenta una representante de Toroverde. «Informar es también devolver la voz a quienes habitan el paisaje».
Ese gesto de devolver la palabra se traduce en acciones concretas: inventarios biológicos compartidos con voluntarios locales, talleres para formar a guías de naturaleza y módulos informativos adaptados al perfil de cada población. La intención es evitar modelos homogeneizantes que creen una “experiencia turista” desvinculada del territorio. En su lugar, la propuesta se concentra en rutas interpretativas que narren historias de pastoreo, fuentes y bosques, y en microinfraestructuras de bajo impacto que expliquen —no estropeen— la naturaleza.
Más allá de la retórica de la preservación, el proceso abre una discusión sobre gobernanza: el parque como bien común gestionado con reglas claras y mecanismos de participación. Toroverde insiste en protocolos de seguimiento ambiental previos a cualquier actuación mayor, y en indicadores socioeconómicos que midan empleo, retorno local y percepciones ciudadanas. Ese cruce de datos —ecológicos, culturales y económicos— pretende convertir al parque en un laboratorio de innovación rural, donde la información sea capital y la transparencia, norma.
La lección para Cuenca es tanto práctica como simbólica. Informar bien transforma la percepción del riesgo y reduce la fricción entre actores; informar con honestidad construye confianza. Si el proyecto llega a materializarse, su viabilidad dependerá tanto de la red de caminos y señalética como del tejido social que se haya tejido durante estas jornadas informativas. Las plazas de Mariana, Sotos y Tondos funcionan ahora como observatorios: no sólo miran hacia el paisaje, sino que configuran las condiciones de su futuro uso. Allí, la conversación sostiene lo que la planificación pretende proteger.








